Otro día más, mismas rutinas.
Cuando me acerqué al control de enfermería vi que eran las 6:45, demasiado pronto me había levantado, y no me dejaban estar fuera de la habitación hasta que no fueran las 7:30 o las 8. Me volví a la cama, con la esperanza de que me nueva compañera de habitación (el día anterior me cambiaron a otra habitación en la que al menos ya para usar el baño no tenía que andar pidiendo la llave constantemente) pero la nueva compañera roncaba como no he oído roncar a nadie, y a pesar de la medicación me despertó a media noche o vete a saber la hora que era, y no había podido dormir ni descansar, así que tenía un tremendo dolor de cabeza.
Cuando regresé, la muy jodía se había movido de posición y ni resoplaba, qué cabrona, pensé! E intenté volver a dormirme, aunque no lo conseguí.
En cuanto oí que había más movimientos por los pasillo me levanté, eran las 8:00, pedí mi estuche de lentillas y nuevamente a vueltas con que no estaban permitidas, a personal “nuevo” con el que daba me venía con la cantinela, y yo tenía la autorización de mi psiquiatra de que si. Pero todavía encima me decían, pues allá tú entonces si no haces caso de las reglas…
Te aseguro que he sido, de lo más sumisa, paciente y suave con todo el mundo, compañeros y personal, porque sabía que lo que menos me convenía era revelarme o protestar para llamar la atención, eso se lo dejaba a otras, que a base de rabietas conseguían lo que querían; en fin, pero miraba para otro lado y solo pensaba en mi y cómo era lo correcto que yo hiciera, a pesar de que con esa actitud lo único que conseguía era que hasta para poner la mano para que me dieran un poco de jabón para lavarme las manos, tuviera que esperar, y que a otros y otras que exigían otras cosas las atendieran antes.
Por la mañana tuve la pertinente charla con mi psiquiatra, yo me encontraba mucho mejor, relajada, tranquila. Como él decía, el lugar estaba haciendo su trabajo conmigo, pues ya había dejado de pensar en el suicidio, quería seguir adelante con mi vida, aunque de momento siguiera siendo una vida de mierda, pero algo tendría que buscar, como siempre he hecho para seguir adelante, estaba convencida.
Pedí permiso para tener entre mis cosas de aseo, un bote de espuma de pelo (que no es spray) ya que siempre para mi había sido muy importante mi aspecto exterior, verme yo bien, me dijo que perfecto, sin problemas, siempre que solo la usara en el momento de la ducha y luego quedara guardad todo el tiempo en el control, le contesté con gran sonrisa que sin problema. Y ya que estaba así de generoso me arriesgué, como le dije, a ir un poco más allá pidiendo, y me dijo… a ver… le pedí si seria posible que me trajeran los apuntes, que eran todo hojas y en un par de semanas tenia dos exámenes que no quería dejar de hacerlo. Le pareció una idea fantástica, eso indicaba mi mejora; tenía pensamientos de futuro.
Salí encantada.
El resto del día pasó observando al resto de mis compañeros. Con la primera chica que compartí habitación llevaba un año sin salir y era bulímica/anoréxica o viceversa, o como fuera. El caso es que su aspecto físico no delataba nada de eso, eso si, me fijaba en las comidas y apenas probaba nada. Era poco habladora.
Observé a las dos anoréxicas que más me llamaron la atención el primer día, a una de ellas la daban el alta definitiva hoy, desde luego estaba delgada, pero ni punto de comparación de con la que todavía se quedaba allí. Hablaron conmigo, aquello no es un sitio para hacer contactos sociales o para como en otras plantas de hospital hables o te hable tu compañero de habitación y te diga, y a ti que? Qué te ha pasado? Pero si hablamos de la consulta que habíamos pasado, lo contenta que estaba la chica que se iba de alta, que era ya la segunda vez que estaba allí, y debería andar por los treinta y alguno, por los comentarios que hizo que llevaba toda la vida con su marido, entre novios y demás unos quince años. Las la deseamos que fuera fuerte y que esta vez sería la buena y si nos teníamos que ver, que fuera fuera de allí. La otra chica se encontraba mal, llevaba mes y medio, pesaba 36 kilos y media mas de un metro setenta, y había conseguido engordar 3 kilos, pero su psiquiatra solo se limitaba a decir… quieres salir… engorda….y ella decía que ya no podía hacer más de lo que hacía, y que ahí ya había cumplido su tiempo y que necesitaba un centro especializado para que la siguieran ayudando a superar su enfermedad, que no iba a ser tan tonta de dejarse morir de hambre…
La normalidad con la que se hablan de estas cosas o de otras muchas con respecto a comportamientos y enfermedades de la mente, solo pueden darse en un sitio como ese y que no te llamen “loco”…
El día anterior conocí a un chico que vive en mi barrio y a tan solo una calle por delante, no más de 800 metros de mi casa, y que ninguno nos conocíamos ni de vista, supongo que por la diferencia de edad, él no se si llegaría a los veintisiete años. Y ni idea de las razones por las que estaba allí, total apariencia normal, y tampoco se el tiempo que llevaba. Me dijo que seguramente como al día siguiente era festivo, que iba a pedir “puente” es decir el nivel donde te dejan irte a casa a pasar el finde y volver el domingo a dormir al hospital. Efectivamente se lo concedieron. En cambio a otros enfermos solo les dieron como festivo el día siguiente, es decir, salían hoy por la tarde, dormían en casa y por la tarde al día siguiente tenían que volver al hospital.
Yo eso ni me lo planteaba siquiera.
Llegó nuevamente la hora de la visita, esta vez vino mi cuñado con mi hermana, y nos fuimos al “chiringuito” como lo llamábamos, mi madre había traído cosas para “merendar” todos… estas madres… como la dije, pero bueno, a que venimos aquí a verme o de pic-nic????
Me trajeron la espuma y los apuntes, pues el día anterior les dije que iba a pedir permiso para que me lo dejaran, y que si no me lo daban, pues nada, que se lo volvieran a llevar.
Y llegado el momento de volver de nuevo a entrar en la planta, entre con mi madre y mi hermana. Ya en el mostrador del control entregué primero la bolsa transparente con mi ropa interior limpia para que la guardaran y también les día la espuma, que tenía el permiso del doctor, pero se negaron alegando que era spray, insistí pues tenía el permiso, me puse nerviosa y empecé a llorar pues me sentía impotente, sobre todo habiendo visto las cosas que había visto “rular” entre algunas personas y habitaciones y eran prohibidas; total que además de eso pedí si podía tener mis apuntes, y más negativas, entonces intentaron calmarme, pues estaba perdiendo los nervios y llorando, lo admito, por una tontería, entonces para contentarme me dijeron que solo una de las dos cosas, y preferí los apuntes.
Mi madre se fue mal, porque me vio ponerme mal, como nunca me había visto, y solo era impotencia, pero bueno, se fue mal que para el caso y lo que a mi me importaba es que ella se iba mal, con lo bien que estaba más o menos dadas las circunstancias.
Me despedí de ellas con abrazos y besos y nuevamente me fui hacia mi habitación sin mirar atrás.
Y allí volví a pensar, por una mierda de espuma me pongo así???? Menuda tontería. Eso si, pensé… como tenga que estar mucho tiempo aquí…. O follamos todos o la puta al río, le contaría a mi psiquiatra lo que yo veía que era prohibitivo y que se pasaba por alto o ni se enteraban…llámame hija de puta si quieres, pero ese tipo de discriminación la llevo mal, sobre todo cuando yo me siento la perjudicada, evidentemente. Y más que me podia ver si hablaba, pues habría registros, no dejarían tener nada, y eso me podria poner en contra tanto de mis compañeros, como del personal, porque sabrían perfectamente quien había dado el chivatazo. Ya veríamos, de momento me callaba y me preocupaba de mí, estaba contenta porque ya tenía algo más provechoso que hacer, además de leer.